Con arena húmeda forma pequeñas albóndigas que reboza con más arena, esta vez seca. Las dispone cuidadosamente en un tamizador de plástico azul y se acerca corriendo desde la orilla, meneando el culo. Toma, tu comida, me dice. Cómetelo toro, toro. Si no, no tienes costre, helado de cocholate… Y cuando voy a coger una, se escandaliza. Con un gesto de reprobación me manda al agua a enjuagarme antes de comer: tengo las manos llenas de arena.


Siempre que leo algo así me pregunto lo mismo: ¿en qué momento se pierde la capacidad de pensar con esa lógica tan arrolladora?
Suerte que se dio cuenta, sino... jajajaja
Inocencia y educación cogidas de la mano en el remanso de un encuentro playero.....
Cuantas sensaciones.
Rebozadas en arena.
Felicidades.
Y cualquiera le dice que no...
Muy bueno. De verdad.
Jajaja....y con eso debiste de haber aprendido!!! jajaja